Opinió

OPINIÓN

“Pero…no disparéis, ¿valé, por Alejandro Campillo, escritor y ciudadano de Bétera

La  memoria histórica española de lo ocurrido en nuestra guerra civil renace cómo un revulsivo que, en ocasiones, incluso siendo respetuosos con los afectados de uno y otro bando, han producido situaciones hilarantes. Cuenta la historia que en Sarrión, un pueblecito de Teruel, se formó un foco de resistencia que quedaba constantemente paralizado a la espera de instrucciones de ambos bandos.

No se trata de una película de Berlanga o un monólogo de Gila. Son hechos que he podido comprobar y contrastar escuchando a algunos de los supervivientes que estuvieron en esa zona. El caso es que cómo la espera se hacía larga, de un bando y otro voceaban cuando se quedaban sin tabaco o alimento. Algo parecido, según me cuentan, a un “! A ver los de ahí, ¿tenéis tabacó” y en el otro bando: ¡“A vosotros os vamos a dar tabaco!” Y seguía la cosa: ¡“Coño, os lo cambiamos por algo de comida, porque al pueblo no podéis bajar”!, y sigue, “!a ver, esperad que le pregunte al mando”! Se hacía diez minutos de silencio y en plena noche sonaba un ¡”Eh, los de ahí, que vale, dejad cuatro pollos en medio de la contienda y os pasamos cuatro cajetillas de tabaco”, y del otro bando: “aquí que bien, pero sin tonterías, no nos disparéis ¿valé”, y de vuelta, “que no hombre que no, cagaos, que sois unos cagaos”. Y así pasaron el final de la guerra civil, mientras en la Sierra de Pampols i Cavalls, donde Mora del Ebre, en Cataluña, las bombas y la lucha fue encarnizada, implacable, durísima y decisiva.

Que bien nos iría a todos si recordáramos estas cortesías parlamentarias militares hilarantes y las aplicáramos al buen entendimiento de conflictos políticos, sociales e incluso militares.

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