Opinió

10262121_758211327533137_7036847899122951526_nJosé Tirso Corbacho, escritor y ciudadano de Bétera.

Últimamente ha tenido mucha trascendencia en el debate político el término “casta” a raíz del inesperado éxito de Podemos en las elecciones europeas del 25 de mayo. Lo que mucha gente igual no sabe es del éxito, en algunas tertulias intelectuales, que tuvo el libro que Daniel Montero escribió al respecto. Pero en el caso de Podemos yo creo que en su discurso político este partido ha utilizado el término casta como gancho electoral. La verdad es que sobre eso de la casta se pueden detallar muchos aspectos. Este viernes pasado informaron en las noticias de la 2 que el club Bilderberg se reunía este fin de semana en Copenhague. Sin embargo los organizadores del club Bilderberg no quieren que la prensa informe demasiado sobre qué se debate y las decisiones que se toman en ese club tan selecto. Hoy en día sólo podemos informarnos de lo que sucede en esas reuniones por medio de canales minoritarios.

Estos últimos días hemos escuchado por diferentes medios declaraciones muy críticas hacia Pablo Iglesias, el líder de Podemos, y sus votantes. Yo creo que esto es parte de la estrategia de la oligarquía que domina los principales canales de propaganda. Se pretende desacreditar al adversario apresando los sentimientos de los votantes en bucles de convergencia. Es fácil hacer zozobrar a un partido que tiene pocos meses de vida, la casta tiene muchos medios para ello. Esto es una prueba de fuego contra la efervescencia política, que es causa del éxito del que se está conociendo como el partido de los indignados.

Sin embargo si entramos en los matices de la casta, a nivel local, son los caciques una pieza clave, por lo menos en este país. El caciquismo está muy arraigado en España y su época de mayor esplendor fue hace unos 100 años, en la época de la restauración. A la postre gobierno que favorecía el caciquismo duró más de 50 años, un gobierno bastante prolongado en el tiempo en el que se turnaban conservadores y liberales.

Los caziques eran personajes poderosos que pivotaban entre lo público y lo privado, creaban una red clientelar para favorecer sus intereses e indicaban a los electores locales cuál es el candidato político que debían de apoyar. Aunque oficialmente el caciquismo acabó en España, hoy en día algunos politólogos sostienen que el caciquismo mantiene ciertas estructuras en el sistema político español. Ejemplos de caciques provinciales como condenado a prisión Carlos Fabra, en Castellón, o la recientemente fallecida Isabel Carrasco, en León, son una muestra del arraigo de este sistema de conformación electoral, que nunca suele exceder de la circunscripción provincial.

En España se pueden entender los “pactos de la Moncloa” como el punto de partida hacia el bipartidismo, así como en Venezuela se firmó en 1958 el “pacto de punto fijo”. Pero no es el momento de hacer generalizaciones apresuradas. Las mejores democracias en el mundo no son bipartidistas, las mejores democracias en el mundo son pluripartidistas, en las que los acuerdos se toman mediante el diálogo, el consenso y respetando al adversario. Lo que pasa es que los partidos de la casta quieren gobiernos de mayorías para poder tomar las decisiones y hacer y deshacer libremente. No obstante no tenemos que olvidar que el pluralismo político es un valor superior reconocido en la propia constitución española.

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0 Comments

  1. Es el miedo. El miedo a algo distinto. Es el miedo del chiringuito que tiembla porque está a punto de caerse. La maquinaria mentirosa del régimen corrutpo corriendo a tapar el agujerito por el que se ve el exterior.
    ¡Sí se puede!

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