Opinió

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José Tirso Corbacho, escritor y ciudadano de Bétera.

En nuestro sistema económico actual, una situación de mayor precariedad supone para los poderes públicos unas condiciones que les ayudan a conseguir unos datos de empleo más positivos, como dicen ellos, o para que todo el mundo lo entienda reducir el paro. Ellos nos pueden vender que están trabajando para recuperarnos económicamente, generar más empleo y reducir el paro, pero de alguna manera están haciéndonos desconocer y también aceptar, incluso de buena gana, los datos del empleo precario. De esta manera nos estamos encontrando con un sistema de empleo que no puede garantizar una sostenibilidad económica suficiente para los que se han encontrado con unas peores condiciones laborales.

Lo que en realidad están haciendo los poderes públicos es consolidar una situación en la cual grandes capas de la población son invisibles a los poderes públicos y a la gran mayoría de la población. Esta gran mayoría de la población se encuentra influenciada por la información que se les suministra por importantes medios de comunicación, que son los que representan más audiencias y más influencias. De esta manera determinadas formas de hacer política y determinados debates que suponen verdaderos esfuerzos de mejorar la situación microeconómica de muchos españoles no se llegan ni siquiera a materializar en la sociedad española.

A parte de todo esto en España se observa demasiado clientelismo político, el cual está financiado por los poderes económicos, los cuales buscan chivos expiatorios para poder desentenderse y despachar así todos sus compromisos. La mayoría de la gente no es verdaderamente consciente de la importancia de que los políticos cumplan ciertos objetivos primordiales para garantizar el bienestar social. Últimamente en España se intensifica el debate y la propaganda sobre nacionalismos internos, que reviven y fortalecen los otros sentimientos nacionalistas, enfrentados a los primeros. La población se ve arropada por los partidos que usan los sentimientos patrióticos como gran baza para captar el interés de voto. Otras veces el interés de la población no es el nacionalismo, sino que se intensifica la estrategia del miedo. Si antes se nos invitaba a los ciudadanos a votar sin más, ahora se nos invita a votar para evitar la representación política de ciertas opciones alternativas que están teniendo auge, y que según estos discursos pueden ser peligrosas para todos. Otros segmentos de la población tiran más hacia posturas que llegan a ser acomodadas y que se podrían llamar progresistas, pero nos encontramos en la paradoja actualmente de que esas posturas convierten más en menos y no equilibran la balanza de las rentas. Los progresistas, que defienden un sistema de impuestos progresivos, no son conscientes de que la precariedad de muchas personas está destruyendo a la larga el sistema que permite esa progresividad, y que lo que se crea en realidad es una gran desigualdad. Este neoprogresisvo en realidad nos hace ver la apariencia de que las mejoras se están produciendo y de que estamos adquiriendo una mayor competitividad a nivel internacional, que si bien eso puede ser cierto no es compatible con unas mejoras sociales y con un mayor bienestar de la población a nivel interno.

La enorme red clientelar que se ha creado antepone el capital al trabajo en sí. Lo que pasa es que no somos absolutamente conscientes de las acciones que muchas veces realizamos , como un acto reflejo, por las cuales se produce una evolución del trabajo hasta capitalizarlo. El trabajo se está convirtiendo en un producto más del capitalismo, sometido a la misma ley de la oferta y la demanda, mediante el cual se generan intereses financieros agregados al producto que redundan en determinados beneficios para el empleador, al margen de los beneficios que genera la productividad asociada al empleo. En esta red clientelar creada cualquier ser humano no goza de una verdadera igualdad de oportunidades en el sistema de empleo porque la labor general de las instituciones no concuerda con las expectativas que los ciudadanos pueden tener sobre la función pública en aras de garantizar el estado del bienestar.

En mi opinión no se nos está ofreciendo por ningún partido otras opciones alternativas y fiables que pretendan solucionar los grandes conflictos sociales y políticos que se están produciendo como consecuencia de una crisis que no se ha solventado con la suficiente antelación y diligencia en su momento. Además como no se nos están ofreciendo nuevas soluciones, sino que se está vendiendo humo, es lógico pensar que estamos generando ahora una burbuja de la recuperación económica, o como otros la llaman, la burbuja de la crisis. Si esta burbuja en realidad existe me preocupan cuan devastadoras pueden ser las consecuencias que depare el estallido de esta burbuja para la población en general.

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