Opinió

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Salvador Beltrán, vecino de Bétera. 

Una de las grandes virtudes que deben asistir a los gobernantes es la de anteponer los intereses y los principios éticos colectivos a los propios. Sobre todo en los momentos y actos que son de representación más que de gobierno

Los alcaldes, que por cierto ahora se denominan “Alcalde Presidente”, tienen dos funciones asignadas gobernar y representar. Es una diferencia muy importante. Cuando representan, lo hacen por todo su pueblo, por sus votantes y los que no lo son. Ahí deben saber renunciar a sus posiciones, incluso a las de su propio partido y ser de todos. Ese sí es un buen alcalde, además de tolerante, y generoso.

Estoy pensando en Bétera y en su nueva Alcaldesa. Casi todos la conocemos, sabemos quién es y lo que siempre ha pensado, cuáles son sus posiciones ideológicas y las de su formación. No hay duda. Pero ahora la podemos ver visitar la Base de la OTAN de Bétera, en la recepción del nuevo cura, presidiendo un acto taurino, o en unas fiestas cuya tradición contiene alguna contradicción sexista. ¿Ha cambiado de chaquetá, ¿ha perdido su faceta de cambio y reivindicacióñ.

FOTO 1No, todo lo contario, sus decisiones en su papel de Representación obedecen a su obligación presidencial. Es de agradecer que ponga la Institución a la que representa por encima de sus propias convicciones. Un valor positivo no siempre fácil de adoptar y no siempre entendido por los propios y ajenos. Sus críticos le podrán reprochar cambio de posición. No, no es eso. Los que la conocemos sabemos que no. De los suyos tampoco faltará quien no lo vea con buenos ojos.

Sus votantes deben entender que las posiciones programáticas y de convicción deben notarse más en la función de Gobierno que en  la de Representación. Y que los cambios sociales se producen no cuando un gobernante o un partido quiere, sino cuando los gobernados asimilan ese cambio. Ni se debe ir para atrás, ni parar; se debe ir progresando a la máxima velocidad que permita la mayoría social, sin romper ni distanciarse con ella. Difícil equilibrio.

La Alcaldesa sabe que también en la faceta representativa se esperan cambios, pero con muchísima prudencia. Nadie debe olvidar que las relaciones, costumbres, tradiciones, y fiestas son el alma de los pueblos, y esas también tienen que adaptarse, no pueden permanecer inmutables. El laicismo, la igualdad entre hombre y mujer, el respeto a los animales, y un largo etc deben ir tomando poco a poco carta de naturaleza y sustituyendo los viejos esquemas. Pero, para que un cambio se convierta en irreversible, debe calar hondo en lo social, y sólo el tiempo macerado por un insistente y aceptable empuje de modernidad lo puede conseguir.

Le agradezco a la Alcaldesa su talante y que anteponga la Institución. Y le recordaremos, aunque no creo que le haga falta, que Bétera espera cambios profundos y ahí también debemos estar todos.

En mi opinión, claro.

Salvador Beltrán.

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0 Comments

  1. El problema no es ese. No es no tener paciencia. El problema es que los cambios no lleguen nunca. Personalmente me da igual que la alcaldesa acuda a estos eventos. Yo lo que quiero son cambios tangibles y que el ayuntamiento trabaje para el interes de los ciudadanos (vease guarderías más asequibles, calles más limpias, más zonas verdes, más eventos culturales para todos, ayudas para sectores en riesgo de excluisión, etc)

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