Y en un abrir y cerrar de ojos te encuentras solo, pegado a una pantalla que hace que no puedas relacionarte ni lo más mínimo con tus seres queridos. Esa que evita que nos demos abrazos, besos, que desprendemos es contacto físico que muchas veces necesitamos y que no tenemos la oportunidad de recibir. Porque aunque parezca que nos ha ayudado a crecer y a evolucionar como humanidad, solo ha hecho más que retrasarnos. Os estoy hablando de ella: la tecnología.
Móviles, tablets, ordenadores y todo tipo de aparatos que han hecho que nos acabemos distanciando y pensando que podemos mostrar una mera preocupación por alguien solo a través de un simple mensaje, pues al fin y al cabo cumples por educación. ¿Pero qué ha pasado con esas llamadas telefónicas que enganchaban horas y horas a las personas y que hacían que incluso estando a miles y miles de km de distancia pudiéramos saber todo lo que le pasaba al otro? En efecto, desapareció. Porque ya ni nos importa lo que sienta el otro, solo le damos a un botón para satisfacer tanto a ti mismo como a la otra persona para contentarla por tener una simple contestación.
Parece mentira que una chica de la generación z, la cual, se encuentra en su día a día enganchada a los aparatos tecnológicos lo diga, pero lo hago porque se han acabado convirtiendo en herramientas fundamentales de las que sí que sacó partido de ellas. Las utilizo para trabajar, para escribir como ahora mismo estoy escribiendo o para hacer diferentes tareas relacionadas con la universidad. Pero sin ningún tipo de duda, mi uso favorito es para hablar con los míos y aunque tenemos la vida muy ocupada y no paremos de repetir la frase tan convencional de ‘’es que no tengo tiempo de ir a verte’’, le saco uso para sustituir esos ratos de visita entre semana por charlas inacabables con los que más quiero.
Queridos lectores, dejémonos de tanta tecnología y volvamos a reunirnos como nosotros realmente sabíamos hacer. Esas comidas familiares en las que los móviles eran intocables porque de una conversación te pasabas a la de al lado y acabamos llenos de juegos de mesa. Por esas reuniones de amigos que no paramos de hablar y de rememorar momentos que han hecho que la amistad sea mucho más fuerte y sobre todo mucho más duradera. Debemos de volver, porque ya no es lo de antes.
Así que dejemos a un lado nuestra dependencia por las nuevas tecnologías y volvamos a ser lo de antes y realmente a llenarnos de alegría y de ilusión. Es cierto que la pandemia ha influido mucho en esto, pues la distancia y la situación no nos permitían estar con los nuestros y gracias a las pantallas por lo menos podíamos escucharnos y vernos, aunque no fuera tocarnos. Pero esa situación se ha quedado en un recuerdo para la humanidad en el que en pleno 2023, aunque siempre los debemos de tener presente por la salud de los nuestros y de nosotros mismo, ya no existe.
Así que dejemos a un lado las pantallas y volvamos a decirnos hola, adiós, darnos el año nuevo o incluso felicitarnos por nuestros cumpleaños como nosotros sabemos. Porque yo no sé vosotros, pero a mi subir una foto en redes sociales felicitándome no es suficiente, pero un llamada telefónica o pasar el día con esa persona me llena el corazón
Vega Archer Rios

