(EFE) La Guardia Civil ha desarticulado una trama que estafó 120.000 euros con la venta de productos ficticios de segunda mano a través de Internet y ha detenido a tres hombres por los supuestos delitos de estafa, falsificación de documentos públicos, usurpación de estado civil y pertenencia a banda criminal.
El operativo desarrollado por el Equipo de Policía Judicial de la Guardia Civil de Puzol, se inició cuando se tuvo conocimiento de una estafa tecnológica ocurrida en Estivella, según un comunicado del Cuerpo Armado.

El operativo culminó con la detención de tres varones de edades comprendidas entre los 32 y 38 años, y de nacionalidad española y hasta el momento, se han podido esclarecer 58 delitos de estafa a través de Internet de diferentes puntos de la geografía española.
Las diligencias han pasado a disposición del Juzgado de Instrucción 4 de Sagunto.

Procedimiento de la estafa

Han explicado que por un lado, un experto informático hacía uso de técnicas de ocultación a través de software, servidores VPN anónimos y servidores con una seguridad mínima y desplegaba un entramado de webs, unas de comercios electrónicos y otras de empresas de mensajería, paquetería y transportes voluminosos.
Las webs de comercios electrónicos, generalmente de venta de tractores, aunque también de ordenadores y maquinaria industrial, simulaban ser una empresa real existente y modificando las URL de las web las mantenían activas.
Si eran retiradas por petición judicial o policial, las clonaban de empresas series y con reputación empresarial europea y las publicaban con una URL similar.
Paralelamente, publicaban webs de empresas de transportes y paquetería que ofrecía mediación entre los clientes y las empresas de venta de maquinaria industrial, instrumentos musicales u ordenadores.
Otro integrante falsificaba documentos oficiales de España y países como Hungría, Holanda, Rumanía, Italia o Filipinas, con los que obtenía multitud de tarjetas telefónicas prepago para las estafas y abrían cuentas corrientes por todo el territorio nacional que serían usadas para recibir las transferencias del dinero estafado.
Con las tarjetas de crédito o débito asociadas a dichas cuentas, extraían el dinero estafado a través de los cajeros automáticos.
Una vez establecidas las webs en servidores con datos falsos, teléfonos comprados con identidades falsas y cuentas bancarias operativas, publicaban en portales de anuncios de compra – venta de artículos de segunda mano como tractores, maquinaria industrial, instrumentos musicales y ordenadores a precios interesantes y llegaban a publicar 400 anuncios en dos días.
Cuando alguien se interesaban por el artículo, debían realizar una transferencia a una cuenta corriente que le facilitaban, previamente abierta con documentación falsa, y remitir por correo electrónico una copia de la transferencia.
Al enviarla, recibían un correo electrónico con el número de seguimiento del envío del artículo que nunca recibían ni existía y para cuando denunciaban la estafa, el dinero ya había sido retirado.
Generalmente una cuenta hasta que era cancelada o bloqueada, recibía entre 10 y 20 transferencias en un plazo corto de días y el beneficio económico superaba los 12.000 euros.
Cuando el perjudicado no se fiaba de los anuncios, el interlocutor de las estafas lo remitía a las webs de comercio electrónico y al ver las mismas accedían a realizar las transferencias pero si aún no se fiaban, les ofrecían que pagasen a la empresa del transporte para que hiciera de mediadora, pero al ser esta también ficticia tampoco recibía el artículo.
Si aún así, con el anuncio, con la web del comercio y con la web del transporte no lograban convencer al perjudicado para aumentar el grado de confianza y lograr la transferencia enviaban una copia del Documento Nacional de Identidad del vendedor, que en realidad era de otro de los estafados que anteriormente había enviado sus datos, por lo que resultaba doblemente perjudicado.

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