(EFE) La mitad de los escolares presentan problemas del sueño, atribuidos a horarios inadecuados y a las nuevas tecnologías. Asimismo, el 4 % de estos menores desarrollarán también trastornos que precisarán un tratamiento, según el Servicio de Pediatría y de la Unidad de Sueño del hospital Quirósalud de Valencia.

El doctor Gonzalo Pin, jefe de dicho servicio, señala que estos trastornos se pueden manifestar como un tiempo total de sueño diario “inadecuado, poco reparador y fragmentado”, tanto por defecto como por exceso para su edad, o en la “cronodisrupción”, es decir, la falta de armonía entre el reloj interno del niño y el externo del ambiente que le rodea.

Según explica el especialista, cuando dormimos “se produce una especie de limpieza de nuestro cerebro retirando una serie de sustancias que producimos como desecho durante la actividad del día” para que la información pueda circular sin problemas al día siguiente.

Así, advierte Pin, si los niños duermen poco, mal o en momentos no programados para ello al día siguiente tendrán más dificultades de aprendizaje, controlaran mal su humor o su conducta y si esta situación se convierte en crónica se afectará su sistema de defensas frente a las infecciones, y tendrán más tendencia a ser obesos o diabéticos, entre otras patologías.

Este tipo de problemas de sueño, añade que se han visto incrementados en las últimas décadas por los nuevos modelos de vida marcados por horarios inadecuados y la inmersión de las nuevas tecnologías en los hogares.

Según el especialista, los rápidos cambios en los hábitos diarios, el alejamiento del juego al aire libre y del contacto con la naturaleza, unidos al mal uso de la tecnología y nuestros horarios, especialmente tras la introducción de la jornada escolar continuada, “no favorecen una buena higiene del sueño”.

Al contrario, asevera Pin, muchos de los menores sufren el llamado “jet-lag escolar”, con un déficit crónico de sueño y unos horarios de sueño no acordes con su reloj biológico interno que puede estar condicionando la calidad de vida de las futuras generaciones.
De este modo, se recomienda realizar un periodo de adaptación en la vuelta de vacaciones y la incorporación a las rutinas escolares, que evite la aparición de trastornos como el “cansancio, la apatía, tristeza, decaimiento, ansiedad y falta de concentración”.
Para ello aconsejan adaptar los horarios a la vuelta al cole una semana o diez días antes de empezar las clases, de forma progresiva, en acciones como el levantarse, desayunar, la comida, cena y la hora de acostarse.

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