En estos días de marzo, de este mes ventoso, nubloso y lluvioso, estamos descubriendo cosas que hasta ahora, y de una manera inconsciente, no le daban importancia.

Descubres que este año el olor de azar es más intenso o al menos esa es tu percepción.

Descubres que la gente, la gran mayoría de la gente de todas las condiciones, está dando una muestra de responsabilidad, de la que tú en algún momento habías dudado.

Descubres que por el contrario también hay personas irresponsables, simples y *mentecatos que nunca van a cambiar.

Descubres que detrás de ese armario había polvo, una pulso que no hubiste limpiado si este mes de marzo no hubiera sido este mes de marzo.

Descubres el aprecio que tienes a tus padres, a tu pareja, a tus hijos, a tus nietos, a tus amigos, e intentas recordar sus ojos, ojos de todos los colores que reflejan sus alegrías y sus penas. Te sorprende este sentimiento; te sorprendes de una manera tan gratificando que te hace ser mejor persona.

Descubres que con la televisión y el ordenador apagado se puede vivir.

Descubres las miserias de algunos medios de comunicación, más preocupados de la audiencia y del sensacionalismo que en la información y el entretenimiento.

Descubres ese libro que hace tiempo te habían regalado y que hasta marzo, este mes de marzo, ni tan solo lo habías abierto.

Y descubres que el tedio, el aburrimiento y el aislamiento, irremediablemente en algún momento, pueden formar parte de nuestra vida.

Este mes de marzo, este mes de marzo, estamos descubriendo muchos aspectos y circunstancias que estaban aquí, pero que por culpa de el ritmo frenético de la vida habíamos dejado de darle su importancia. Te das cuenta de que la vida no es nada fácil, que hay situaciones que de repente aparecen y te crean *desestabilitat, pesimismo, desaliento y se te apodera el miedo de no poder superarlo.

Esto será largo y pasará el mes de marzo, este mes de marzo, y vendrá abril, que tendría que ser florecido y bonito pero con esa extraña sensación que alguien nos lo ha hurtado. Caeremos en la desesperación, pero cuando esto paso hay que ser fuertes y fuertes, y cuando la noche se haya apoderado del día, tenemos que salir a la terraza al balcón o mirar por la ventana y sentir el olor de el azar. Esta sensación nos hará entender que la vida continúa, que tiene que continuar y que continuará.

 

Autor: Vicent Sorlí
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