Salgo a la terraza y miro los corrales del vecindario. Entro a casa y en el jefe de poco vuelvo otra vez a salir, efectos colaterales del aislamiento. En una de esas salidas sistemáticas me fijo en la parra de Virginia que ya le están saliendo las primeras hojas después de más de tres meses de “confinamiento”, y pienso (pensar es otro efecto colateral) que la parra, durante esos tres meses confinó, muestra al exterior tan solo los tronquitos, cuando en realidad no lo estaba porque en el interior invisible de la *maceta, ella tenía su vida subterránea, una vida reposada con la esperanza de volver a mostrarse tal como es, y es en abril, también en abril, sin que tú te das cuenta, cuando ella va desplegando su vida exterior despacio.
Y en todo este proceso natural vuelvo a pensar, a reflexionar, y lo relaciono con todos nosotros, hombres, mujeres, niños, niñas, yayos y yayas que se encuentran confinados, aislados dentro de sus casas, en el interior de las macetas, cada cual a la suya con la vida cambiada, trastocada, pero con la misma esperanza interior de la parra de Virgínia
En todo este trasiego botánico me viene en el ninguno y que no se me olvido el jueves santo, sembrar la albahaca. Todos y todas, este mes de abril, angustioso tanto o más que el pasado mas de marzo, tendríamos que sembrar nuestra albahaca; es igual en qué maceta lo hacemos, grande, mediana, pequeña, de barro o de plástico, veremos como tan solo regándola con cuidado irá saliendo desde el interior de la maceta, donde radica la esperanza, primero tímidamente, y después según pasan los días, porque los días pasarán como todo pasa, irá creciendo cada vez con más fuerza y al final en agosto se hará grande y frondosa como la parra de Virgínia, y será una explosión de color y de olor. Color de la esperanza, y ese aroma tan misterioso que nadie ha sabido todavía explicar. Las podríamos sacar a los balcones, a esos lugares donde no hace mucho de tiempo albergaban banderas, lazos, pancartas y aplausos al llegar la noche. Cuántas noches, cuántos días, cuántas semanas, cuánta solidaridad. Sería una fantástica demostración que la esperanza de todos y de todas va ser decisiva para superar ese mal sueño que tuvimos a los albores de esta espantosa primavera.

Autor: Vicent Sorlí
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