La pandemia por la COVID-19 y la desescalada están afectando de forma muy diversa a los menores. Así lo indican desde la Unidad de Salud Mental Infantil del Servicio de Psiquiatría y Psicología Clínica del Departament de Salut València-La Fe.

Las personas especialistas diferencian dos etapas desde la declaración del estado de alarma. En la primera, el confinamiento estricto, los menores y sus familias tuvieron una “respuesta excepcional” y un porcentaje de los que son atendidos en Salud Mental Infantil mejoraron durante este periodo.

Esta respuesta positiva, según observa la coordinadora de la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil Miguel Servet, Inmaculada Marcos, la atribuyen a la mayor disponibilidad de los padres y madres para compartir tiempo con sus hijos, a la reducción en las tareas escolares y extraescolares, y al mayor tiempo dedicado al juego.

Por su parte, el coordinador de Psicología Clínica en La Fe Miguel Ángel Vázquez también añade como factores protectores la edad, la fantasía y la imaginación, propias de los menores.

En cambio, en la etapa actual de desescalada, los especialistas detectan casos de menores que se lo piensan más a la hora de salir a la calle porque no entienden que puedan ir al parque pero no acercarse a otros niños, ni intercambiar objetos o subir a los columpios. Además, “hay algunos que pueden manifestar ansiedad, miedo al contagio o a salir a la calle, así como incluso insomnio”.

No obstante, añade Marcos, “los menores tienen una capacidad de adaptación mucho mayor que los adultos a los cambios”.

“Nos preocupa la posible inestabilidad, confusión y desmotivación que esta falta de estructura en la vida cotidiana podría provocar en los menores”, comentan. Por este motivo, van a estudiar el impacto de la pandemia en menores con trastornos del neurodesarrollo.

Esta investigación, según adelanta la psiquiatra Nuria Yañez se hará en colaboración con el grupo de Perinatología del Instituto de Investigación Sanitaria Hospital La Fe y el liderazgo del también psiquiatra Pablo Navalón.

Con todo, advierten que no toda experiencia inédita, restrictiva o dolorosa como la que vivimos se convierte necesariamente en traumática: “El trauma va unido a la experiencia de amenaza, impotencia y angustia. Se produce cuando un acontecimiento desborda todos los recursos de la persona para integrarlo y gestionarlo”, aclara el psicólogo especialista en la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil de Catarroja Ángel Carrasco.

Por tanto, muchos niños y niñas saldrán reforzados de la experiencia. Por su parte, aquellos que pudieran presentar síntomas graves, duraderos o que impacten notablemente en su vida podrían necesitar recurrir a profesionales de la Salud Mental Infantil, concluyen desde La Fe.

Imprimir article
Comenta aquesta notícia