Hoy veremos la segunda parte del museo Salvador Tatay Meseguer con la obra de Conrado Meseguer.

Veremos al jardín un guisador con la pica y fregó de cocina, escorredora, ollas, lechera, vasos, jarras, mortero, lebrillo, bomba manual para sacar agua, el tocador para lavarse la cara con la “jarra” de cinco y muchas más cosas. Después el horno moruno y, como comenté la semana pasada, una mesa parada con sillas bajitas de boga, todo como por almuerzo y junto al horno la pala de madera para posar y sacar pan y otros. También una barraca grande donde entramos, escuchamos música, al fondo como una pantalla (no sé si se hacen proyecciones) y por tierra, dejados de una manera como desordenada pero dentro de un orden establecido por las manos del artista, vemos aladres, capazos, horcas de hierro y de madera de almez, cestas, lebrillos, jarras, báscula, romana, calderos de cocer, botijos, mecedoras, cribas, palas de madera para el grano, garrafas, sillines, collerones y un largo etcétera. Es decir, de todo el que día a día se veía en el pueblo y en una casa de labradores.

Y nos acercamos a la casa donde antes de entrar, el que diríamos al porche encontramos un trillo grande, timones, horcas, entabladora, una guadaña, un caballete para pintar y un apoyo para mostrar láminas de cuadros de Conrado.

Ya dentro de casa nos encontramos en un lugar, diríamos que “mágico”, donde Conrado pintaba rodeado de cosas, seguramente muy importantes para él como instrumentos musicales, cómodas, imágenes de santos, cuadros con dibujos y pinturas, el hogar, una cuenca y en medio el caballete grande, con una pintura inacabada donde “pinta” la escena de la recogida de la cosecha. Y es que Conrado no nos muestra una escena que ves y vive. Es capaz de entrar de pleno en ella, estamos allí, junto las herramientas que los segadores han dejado al acabar de segar, se siente el olor de la paja y la espiga como húmeda y vemos que están acabando de anudar y amontonar las garbas del arroz, escuchamos el ruido de las garbas al moverlas, también como se acerca el carro arrastrado, el carretero llevándolo del morro y el ruido de las ruedas antiguas de rayos de madera y llantas de hierro.

Es emocionante el hecho de estar dentro de este Mundo creado por la sensibilidad de un artista, la visión de este cuadro me emociona por la realidad, la composición, belleza de la escena y me entra un gran gozo por haber estado “dentro de él” y a la vez un sentimiento de tristeza por aquello que este grande y buen hombre le “quedaba” por hacer y mostrarnos.

En la próxima semana veremos y viviremos pinturas, obras de arte que nos introducirán en este maravilloso Mundo de composición, luz, color y momento que Conrado sabía plasmar de una manera sutil, magnífica y admirable.

Y ahora hablamos de las fotografías:
Están hechas en MANUAL, en RAW I PROCESADAS EN LIGHTROOM, todas en isso 100 y apertura entre f/ 3,5 y 4,5, la velocidad la que me pide la cámara, no obstante en el interior me pedía menos velocidad, alguna menos de 60 por lo cual como seguramente sabeo para evitar el movimiento sujetaba la cámara contra cualquier cosa. (Lo dicho en otras ocasiones, es como yo las hice y más o menos me resultó, esto no quiere decir que “tenga” porque ser así, soy solos un forofo en ganas de hacer y aprender día a día).

Text i imatges de Ximo Asensi i Alemany (fer clic damunt de cada imatge per poder ampliar).
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