Sientes un dolor en el pecho indescriptible que hace que poco a poco te vayas derrumbando y hundiendo. No solamente es el dolor, sino que también se juntan la ira, el asco y sobre todo la decepción. Sí, esa sensación que nunca queremos ni ninguno de nosotros debemos de sentir, pero que al fin y al cabo siempre acabamos experimentando a lo largo de los años con diferentes personas que nunca llegaste a imaginar que un día te harían daño y te dejarían en un recuerdo en su mente que en escaso tiempo se borraría y ya ni existiría. Piensas y te haces la pregunta gritando y desesperado de por qué ha debido de hacerte eso a ti cuando no te lo mereces, pero la decepción no la eliges tú.

Cuando menos te lo esperas, un día te enteras de eso que ha marcado un antes y después con la persona que te ha hecho saltar la primera lágrima de muchas y con la que nunca pensaste ni imaginaste acabar de esa manera. Te defrauda como persona y, sobre todo, como ser humano.

La verdad  es que todos la hemos sentido, aunque haya sido de diferentes maneras pero ha estado ahí. Permanentemente, durante horas, pasando por tu cabeza dando miles y miles de vueltas e intentando buscar las razones o las respuestas de algo que realmente no llegas a saber.

El cuerpo humano es como un circuito para ella, desde la cabeza, siguiendo por los ojos que hacen derramar millones y millones de pequeñas gotas que hacen que te cueste irte a dormir y cerrar los ojos por el gran escozor       que sientes. Pasa por las piernas y brazos haciendo que no puedas quedarte quieto ni un segundo y hacerte en una simple habitación todos esos kilómetros andando que nunca llegaste a hacer después de la promesa del 31 de diciembre de hacer deporte.

Pasa al corazón, haciendo que bombee mucho más rápido de lo normal y a la garganta haciendo que tragues la saliva más dura de la semana o del momento.

Toda esta descripción no es fácil de explicar, ni si quiera sé cómo he sido capaz de poder definirla de esta manera. Pero quieras o no, toda sensación vivida, se queda guardada en ti y nunca la olvida tu cuerpo.

Pero al final de todo este largo recorrido que dura horas, e incluso puede durar algunos días, tu cabeza llega a un punto en el que dice hasta aquí. Hasta aquí de sufrir, de hacer que tu cabeza piense y piense hasta echar humo, de no poder parar ni un segundo… Porque el problema no eres tú, el problema lo tiene esa persona que acaba de perder a una persona más a su lado sin darse cuenta y seguro que de las mejores.

Pero recuerda que toda historia tiene su final y aunque la decepción no sea la mejor para ello. Algo nuevo vendrá y te aportará muchas cosas en mayor cantidad y mejores.

Vega Archer Rios
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