Ponemos fin a una de las mejores etapas de todo el año. Esa etapa en la que hemos disfrutado, hemos vivido experiencias maravillosas que nos llevaremos en el corazón hasta el siguiente año. Nos llevamos a personas nuevas con las cuales hemos compartido momentos que han marcado mucho en ella y, sobre todo, hemos hecho que un año tan abrumador y horrible se haya podido arreglar y convertirse en un año un tanto diferente.

Querido verano: hace unos meses me acuerdo que te dediqué uno de mis escritos a la hora de tu llegada, en el cual te exponía todo lo que esperábamos absolutamente todas las personas de ti. Pedíamos deseos gritados al cielo para ver si se hacían realidad. Pues bien, después de dos meses en los cuales he podido vivir intensamente esta maravillosa estación puedo decir que lo has conseguido.

Has hecho que conozca a gente. Me has hecho vivir experiencias inolvidables con personas maravillosas a mi lado que la han mejorado aun más todavía. Me has hecho darme cuenta de lo que realmente importa: la familia y aprovechar cada minuto de nuestro tiempo libre con ellos y montar planes que nunca habías hecho, pero que al ser un verano tan distinto pero a la vez tan único nos ha llevado a hacerlos.

Una de las mayores lecciones que me has dado a lo largo de todos los meses que te componen es una de las más importantes de mi vida. Y es que muchas veces debes de decir adiós a algo o a alguien cuando no quieres, que hay gente que se queda no en el camino pero que realmente, ese adiós, se dice para darle la bienvenida a personas o cosas que prometerán aun más.

Ha sido un verano un tanto diferente. Es verdad que nos han limitado muchas cosas, que los abrazos que siempre dábamos por cortesía se esfumaron para sólo poder rozarnos el codo y darnos cuenta de lo que realmente significan esos abrazos y, que los pocos que hemos dado, nos han sabido a magia.

Un verano diferente, sí. Todos lo sabemos, pero también ha sido uno de los mejores porque hemos sabido aprovechar cada uno de los momentos que la vida nos ha podido ofrecer después de meses estas en nuestras casas y viendo mínimamente la luz del sol.

Querido verano: este escrito va dedicado a ti, para ponerte ese broche final que tanto te mereces y en el que tanto he estado pensando. Un año más, nos has regalado risas, viajes, nuevas reflexiones, nuevas personas, nuevas experiencias que se nos quedarán grabadas en nuestras retinas. Pero sobre todo y para mi, lo más importante: nos has regalado lecciones de vida tanto a mayores como jóvenes, o incluso pasando por los corazones de los más pequeños.

Espero verte muy pronto, siendo el mismo de siempre: tan único e irrepetible como años anteriores y, sobre todo, sigue aportándonos tantas cosas.

¡Hasta el año que viene!

Vega Archer Rios
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