Creo que la vida es como una pelota: da tantas vueltas, que cuando menos te lo esperas puede suceder lo peor que te podrías imaginar.

Sí, esta semana he vuelto por segunda vez a escribir para vosotros. Pero este segundo escrito va dedicado para un ser muy especial que ahora mismo estoy segura de que me está mirando desde el cielo.

Este ser que entró a esta, mi casa, con escasos dos meses y yo no llegaba a las cinco años. Esta casa en la que hemos crecido juntos, nos han educado, dado amor, reñido… Porque hace escasas horas mi mejor amigo, mi luz, mi hermano, se ha ido. Nos ha dejado completamente rotos a todas y cada una una de las personas que le han conocido y que hemos pasado toda nuestra vida con él.

Recuerdo que hace una semana le dediqué un escrito pensando que le daría fuerzas, tanto a él como a mí psicológicamente. Pero el bicho, una semana después, desgraciadamente ha podido con él, aún siendo de las cosas más valientes que he conocido en toda mi vida.

Todos sabemos que la vida siempre nos depara cosas totalmente locas e inesperadas que pueden pasar en horas e incluso en minutos, pero nunca acabas esperándote lo peor realmente.

Gustavo, este escrito va dedicado a ti porque hoy hubiese sido tu cumpleaños y seguro que esos diez añitos que hemos pasado a tu lado, y tanto estábamos ansiando por verlos, serían celebrados de la mejor manera posible: con tu sombrerito y la típica foto de cumpleaños, regalándote tus golosinas favoritas y jugando desde que llegase del colegio hasta que empezase a oscurecer y los papás nos llamasen para irnos a cenar.

Pero por culpa del tiempo y del bicho no ha podido ser y, sinceramente, qué tristes estamos.

Creo que en este momento mi corazón está vacío por dentro y  me va a costar mucho poderlo llenar de la misma manera de la que cuando tú estabas.

Pero me puedo ir con la satisfacción de que has sido un perro feliz, que no te ha faltado absolutamente de nada, que has viajado y has vivido muchas experiencias con nosotros, quienes te hemos amado con toda nuestra alma. Siempre estarás en el recuerdo de cada una de las personas que formaban tu vida, nuestra vida.

Ahora mismo me encuentro en uno de nuestros rincones favoritos: mi habitación. En aquella que nos podíamos pasar horas y horas tumbados, yo haciéndote cosquillas y  tú haciendo el tonto sin parar, “pequeño payasito”. Porque la felicidad que has desprendido siempre era única e inigualable para todos y cada uno de nosotros.

Gustavo, sólo te pido que cada noche que me asome por la ventana de la habitación, la estrella más brillante del cielo reciba tu nombre porque eso era lo que eras tú: luz que nos iluminaba todos los días e incluso los más grises.

Feliz cumpleaños pequeño, siempre estarás en nuestro corazón.

Te quiero, ahora y siempre, Gusiluz.

Vega Archer Rios
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