Llega un momento en el que piensas que vas a perder la ilusión por todo: por nuevos proyectos, nueva amistades, nuevos amores o nuevas experiencias. Ese momento en el que realmente  te das cuenta de que estás vacío por dentro y que nada ni nadie es capaz de llenarlo.

 

Pasan los días, las semanas, los meses… Pero el vacío sigue en ti y cada vez vas dándolo más por hecho, hasta que un día te levantas de la cama y vives el comienzo de un nuevo día, pero un día cualquiera, y empiezas a volver a sonreír. Vuelven esos ojos achinados, esa boca abierta produciendo uno de los mejores sonidos y que tanto contagia. Realmente no te das cuenta de lo que realmente está volviendo a resurgir de ti; lo único que sabes es que te encanta y que estás totalmente enganchado a ello.

Poco a poco va pasando el tiempo y ahí es cuando realmente abres los ojos y ves que has vuelto a recuperar esa sensación que tanto necesitabas en tu vida: la ilusión. Porque una de las mayores cosas que hacen estar a una persona en pie y que pueda continuar avanzando es esto.

Es una de las mejores sensaciones que puedes vivir.

En ese momento no crees por qué has estado tanto tiempo sin haberlo sentido, aunque al fin y al cabo acabas cayendo en la cuenta de que; durante mucho tiempo te habías centrado en diferentes factores que no requerían toda es atención tuya, que has estado perdiendo el tiempo con ello o simplemente que no ha merecido la pena. Porque realmente ahora es tu momento. Centrarte en ti, en el trabajo que tienes hoy en día, en la gente que te rodea y te transmite esta maravillosa sensación dándote así vida.

No es la primera ni la segunda vez: puede pasar millones de veces.

Aunque parezca sencillo de entender, la vida es como un circuito, en el que a lo largo de esas 24 horas de los siete días de la semana que conforman los doce meses de un año; se encuentra millones de mentes en constante movimiento. Un movimiento que les mete en la rutina y que ya no salen de ella. Solamente piensas y te centras en lo que tienes en ese momento en tu vida, sin mirar más allá ni abrir la mente hacia otros caminos que también pueden ser bien cogidos.

Hasta que se llega a dar el paso definitivo, que va a cambiar y marcar un antes y un después en tu vida.

Después de haber ido poco a poco desarrollando esta reflexión, mediante la que he ido conformando con palabras que iba escribiendo aleatoriamente en mi teclado; creo que he llegado a una conclusión: estamos encerrados en una rutina que muchas veces nos hace perdernos a nosotros mismos sin reconocernos si quiera.

Acabas siendo otra persona con un alma sin luz, que va cabalgando día tras día su vida sin saber cómo. Ese paso lo debemos de dar todos y cada uno de nosotros. Debemos de resurgir de nuestras cenizas y convertirnos en el ave Fénix que hemos sido siempre.

Devolvámonos la ilusión de la vida con una pizca de cambio en ella.

Vega Archer Rios
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