Llevo varios días, queriendo hablaros del pequeño comercio local.

Ya se que estáis preocupadas por la salud y la economía, pero si no bajáis la guardia, mantenéis distancia, os lavais las manos y lleváis mascarillas, estáis colaborando con esta lucha.

Yo soy la primera que no permito que nadie se salte estos requisitos, pero si queréis también salvar la economía no cerréis la puerta al comercio local, porque lo estáis matando inconscientemente.

No os podéis imaginar qué sensación tuve el lunes, a las 19.30 horas, cuando tuve que ir a Valencia con mi marido a una misa de aniversario por nuestro amigo José Luis, de Engrupo Viajes. Yo no sé si es que ya iba triste por el hecho en sí o por la propia pandemia que nos está afectando, pero Valencia centro era lo más triste que recuerdo desde que tengo uso de razón. Hasta me alegré de ir acompañada por mi marido. Algunas tiendas cerradas, otras encendidas pero vacías, la poca gente con la que te cruzabas tapada… Estaba deseando llegar a Bétera.

Está cambiando nuestra forma de pensar. No nos vemos con nuestros amigos, pero sabemos que están ahí… Y un día sonreiremos, nos abrazaremos y volveremos a viajar y a convivir en esta tierra tan privilegiada por su clima y su gente. Porque esos amigos siempre estarán ahí y nos estarán esperando. Pero… ¡Cuidado! ¡No creáis que el comercio de la esquina, el horno, la peluquera, la droguería, la ferretería, el joyero, el bar, el restaurante, la tienda de chuches, juguetes, el informático, el carnicero, el pescadero, electrodomésticos, la tienda de ropa, la puericultura, la florista, el asesor, la agencia de viajes, papelería, uniformes, fisios, temas de salud, las reformas, fontaneros, ventanales, electricistas, mecánicos, planchistas, lavaderos e infinidad de servicios…!

No estoy exagerando. Os estoy hablando de Bétera, donde tenéis a mano de todo. ¡Vuestro pueblo! Ya sé que no es momento de fomentar el consumo desmedido, pero acordaros que si os hace falta algo lo tenéis todo aquí. Sólo os pido que antes de meteros por Internet para consumir, penséis por un momento en dejar esa gestión en un profesional de vuestro pueblo, porque está en vuestras manos la salud del comercio.

Hay gente que pensará: “A mi esto no me atañe…” ¡Pues te equivocas! Si no vendo… No consumo, no voy al bar, no voy a la peluquería, no me arreglo la casa, no voy al fisio, no voy al horno, no voy a por una planta, me pinto yo la casa, me lavo yo el coche…
Bueno, creo que ya podéis haceros una idea, de lo rápido que podéis ir cerrando los comercios de vuestro pueblo, y lo voy diciendo hace mucho tiempo. Os prometo que no es porque lo estoy sufriendo como autónoma. Porque tampoco he pasado hambre en mi vida y siempre me ha preocupado el tercer mundo. Quizá es porque la gente me habla y la escucho. Ahí lo dejo.

Escrito por Amparo Sancho, vecina de Bétera.
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