(EFE) El 25 de febrero de 2020, la Comunitat Valenciana confirmó el primer contagio oficial de coronavirus. Le siguieron varios casos, todos relacionados con viajes al norte de Italia. La trazabilidad era perfecta… hasta que solo tres semanas después la situación reventó y ya fue imposible determinarla.

“Han pasado dos años, pero es como si hubieran pasado muchísimos más desde que empezamos esta especie de guerra” contra la covid-19, explica la subdirectora de Epidemiología de la Conselleria de Sanidad, Herme Vanaclocha, quien afirma que entonces no esperaban “en absoluto” que la pandemia “llegara a ser lo que ha sido”.

El primer caso positivo en tierras valencianas -y el cuarto de España- fue un joven de 32 años de la provincia de Castellón que al regresar de un viaje con amigos en Milán presentó síntomas leves y acudió a urgencias del Hospital de La Plana.

A él se sumaron en las jornadas siguientes otros valencianos que había viajado al norte de Italia justo antes de que este se convirtiera en el epicentro de la pandemia en Europa, para participar en la Feria del Calzado de Milán y asistir al partido de fútbol de Liga de Campeones entre el Valencia C.F. y el Atalanta en Bérgamo.

“Hubo muchas introducciones del virus a la vez”, todas relacionadas con esas citas italianas y con una trazabilidad “perfecta”, rememora Vanaclocha. Sin embargo, el 14 de marzo ya había 3 casos a los que “no había manera” de encontrar con quién habían podido tener relación. Y “de un día para otro, ya fue imposible” establecerla, afirma.

Nadie imaginaba entonces que dos años después el 25 % de la población de la Comunitat Valenciana (1’2 millones de personas) habría pasado el coronavirus a lo largo de seis olas, muchos en la última, la de la variante ómicron, aunque todavía 7 de los 542 municipios valencianos siguen invictos a los contagios.

EL PRIMER FALLECIDO DE EUROPA

Siete días después del primer caso positivo, la Comunitat Valenciana confirmó el primer fallecimiento por coronavirus de España y de toda Europa. Se había producido el 13 de febrero en el hospital Arnau de Vilanova de Valencia, en principio por una mala evolución de un problema respiratorio de un valenciano que había viajado a Nepal.

“Por cómo estaba evolucionando, los intensivistas del Arnau pensaron que podría ser covid, pero no cumplía los criterios” marcados por la OMS de haber estado en una zona de riesgo, y en ese momento las pruebas diagnósticas “eran como oro” y se reservaban para la gente con “muchas probabilidad de dar positivo”, explica Vanaclocha.

No obstante, como el personal sanitario que le atendió “no estaba muy convencido”, guardó muestras y en cuanto se tuvo más capacidad se hicieron las pruebas que evidenciaron que, efectivamente, había sido un caso de covid-19.

Tras este fallecimiento vendrían otros 8.939 en la Comunitat Valenciana, sobre todo en enero y febrero de 2021, durante la tercera ola de la pandemia -la más letal en estas tierras-, ya que la vacunación contra el coronavirus apenas acababa de comenzar.

El 27 de diciembre de 2020 se empezó a pinchar, en las residencias de ancianos, la vacuna contra la covid. Batiste Martí fue el primero en recibirla en la Comunitat, aunque en la memoria colectiva ha quedado el “enxufa-li” que pronunció el primer vacunado en Alicante, Salvador Brotons.

Comenzó así un proceso que incluyó la apertura de ‘vacunódromos’ y durante el que se han administrado casi diez millones de dosis, cuya última etapa ha sido la inoculación de la vacuna pediátrica y de la dosis de refuerzo para el resto de la población.

EL RENACIMIENTO POSTPANDÉMICO

A lo largo de estos 24 meses, la pandemia ha traído confinamientos, toques de queda, cierres perimetrales y otras restricciones -la última el “pasaporte covid” para acceder a algunos locales-, si bien la Comunitat Valenciana espera aplicar desde la semana que viene una “rebaja sustancial” de las que quedan vigentes.

Todo ello dentro de un “renacimiento postpandémico” que aspira a dejar atrás la crisis sanitaria, económica y social que ha conllevado el coronavirus, cuya factura para la Generalitat ha sido de 2.741’4 millones de euros, entre refuerzo de personal, adquisición de material sanitario o ayudas a los sectores más afectados.

Símbolo de esa recuperación, que también quiere ser emocional, es que las Fallas, la primera gran fiesta que se suspendió en España, volverán a celebrarse este marzo con la mayor normalidad posible. La mascarilla del público en la Ofrenda (pero no en los participantes) o en las mascletaes recordará que aún no ha acabado la pandemia, pero al fin ha llegado su primavera.

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