La Conselleria de Sanidad Universal y Salud Pública cuenta con indicadores que muestran que de los avances en las técnicas diagnósticas y terapéuticas están permitiendo un mejor control de las alergias, que afectan a entre un 15% y un 20% de la población de la Comunitat Valenciana y de las que se prevé un aumento en los próximos años a causa de factores ambientales, alimentarios e higiénicos.

La alergia, de la que cada 08 de julio se celebra el Día Mundial de la Alergia para concienciar sobre la importancia que tiene su detección temprana para poder establecer un buen tratamiento, es una reacción exagerada del sistema inmunológico al entrar en contacto con ciertas sustancias ambientales, alimentarias, farmacológicas o causa de picaduras de insectos; y cada vez es más frecuente.

“Probablemente se debe a factores ambientales como la contaminación y también los cambios en el estilo de vida (alimentación, contacto con sustancias como detergentes) pueden alterar las barreras protectoras de la piel, del aparato respiratorio y digestivo, condicionando un mayor riesgo para desarrollar una enfermedad alérgica”, según ha explicado el jefe de servicio de Alergia del Hospital Universitari i Politècnic La Fe, Miguel Ángel Díaz.

Ahora bien, ha añadido, los avances en el conocimiento tanto de los desencadenantes como de las técnicas diagnósticas moleculares (además de analíticas para la identificación de alergias específicas a alimentos, detección de marcadores en sangre y de pruebas en la piel) están permitiendo un conocimiento más profundo de la patología, tratamientos más precisos y, en definitiva, un mejor control de la enfermedad.

A nivel terapéutico, los progresos se sustancian en la inmunoterapia con alérgenos, vacunas que inducen tolerancia al alérgeno y que pueden llegar a modificar la evolución natural de la enfermedad y tener un efectivo preventivo.

El Día Mundial también sirve para recordar cómo se debe actuar ante una anafilaxia, una reacción alérgica muy grave (normalmente causada por un alimento, una picadura de insecto o un fármaco), de instauración rápida y que puede llegar a ser fatal.

“Los signos y síntomas en una reacción anafiláctica empiezan por la piel en un 80% de los casos. Hay un enrojecimiento, un prurito o una urticaria. A estos síntomas dérmicos se unen otros que afectan a otros sistemas del organismo. Por ejemplo, a las manifestaciones dérmicas puede sumarse la afectación del sistema digestivo (náuseas, vómitos, dolor abdominal), respiratorio (dificultad para respirar, congestión nasal), circulatorio (mareos, hipotensión) o neurológico (confusión, sensación de malestar, irritabilidad en los más pequeños)”, según ha explicado la enfermera del servicio de Alergología del Hospital General de València Chus Vidorreta.

En estos casos graves, el tratamiento primordial es la adrenalina, que debe administrarse sin demora en el inicio de aparición de los síntomas. De hecho, a las personas de riesgo, a sus familias y allegados (entorno escolar en el caso de menores) se les instruye y se les prescribe adrenalina para que puedan inyectarla de inmediato.

Atención Primaria atendió en la Comunitat Valenciana 3.799 consultas por anafilaxia el año pasado; los servicios de urgencias hospitalarias, 2.201, de acuerdo con los registros del Servicio de Análisis de Sistemas de Información Sanitaria.

Pediatras del Hospital de Manises advierten de que la humedad de zonas costeras agrava los síntomas en niños alérgicos

Picor nasal, estornudos y aumento de mucosidad son algunos de los principales síntomas que padecen los pacientes con alergias al polen, a los ácaros del polvo o a diversos alérgenos que permanecen en el ambiente en estos meses del año. De hecho, en el litoral mediterráneo y otras zonas costeras, existe una concentración mayor de dichos alérgenos que provocan estos síntomas. Además, estas zonas se caracterizan por un alto índice de humedad y temperatura que, entre otras cosas, pueden potenciar en los más pequeños los síntomas de alergia. Todo ello ha llevado a que los alergólogos del Hospital de Manises adviertan a los viajeros y veraneantes en estas zonas de que pueden ver agravadas sus alergias en sus estancias.

“En climas cálidos y húmedos los hongos están muy presentes a lo largo de todo el año, por ello, algunos niños que padecen alergias a los hongos empeoran cuando viajan a la costa, debido a la elevada humedad en esas zonas”, explica la Dra. Teresa Romero, pediatra especialista en alergias del Departamento de Salud de Manises. Además, los especialistas advierten de que la humedad en estas zonas no se limita únicamente a los espacios exteriores, sino que también afecta a los hogares y lugares de interior. “Los hongos crecen en ambientes exteriores, en lugares donde hay vegetación y también en los espacios oscuros donde se acumula suciedad o desperdicios”, explica.

Las alergias no se curan, pero se tratan

 

Y es que este tipo de alergias no se curan, pero tienen tratamientos muy eficaces que terminan con la sintomatología y permiten tener una calidad de vida elevada. Por ello, los expertos pediatras recomiendan seguir el tratamiento o vacunación necesarios en cada caso desde edades tempranas para evitar que perdure y se estabilicen en el tiempo. “El tratamiento de la rinitis alérgica se basa en tres pilares: evitación del alergeno responsable, tratamiento farmacológico (corticoides nasales y antihistamínicos) y en casos seleccionados, la inmunoterapia (popularmente conocido como “vacunas de la alergia”)”, explica Romero, pediatra experta en alergias del Hospital de Manises.

Estas vacunas, explican los especialistas, consisten en la inyección de extractos estandarizados de alergenos para favorecer una respuesta inmunitaria propia, que poco a poco vaya suavizando la reacción de nuestro cuerpo frente a dichos alergenos. “Se suele reservar para pacientes con una rinitis persistente que afecta a su calidad de vida o en los que además de rinitis, asocian síntomas de asma”, afirma la Dra. Romero. El especialista es quien determinará en cada caso concreto la intensidad y severidad de los síntomas. De esta manera, la vacuna u otros tratamientos no “curan” la alergia, sino que mejora la sintomatología, haciendo menos frecuente el uso de medicación, como antihistamínicos y corticoides nasales.

Además, en los últimos años se ha innovado en el tratamiento de las alergias haciendo posible que no sea únicamente a través de la vacunación la manera de inmunizar a los más pequeños. “Aunque la mayoría de las vacunas de alergia se administran de forma subcutánea, existen también en el mercado vacunas sublinguales, que tienen la ventaja de no implicar la inyección mensual, lo que es una ventaja en el caso de niños con miedo a las agujas”, cuenta la especialista. Los estudios muestran que su efectividad es muy similar. Sin embargo, la desventaja que tienen es que deben administrarse diariamente, lo que puede comprometer la cumplimentación del tratamiento, ya que los olvidos son frecuentes. En cualquier caso, la duración del tratamiento en ambos tipos de vacuna es el mismo: entre 3 y 5 años.

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