(EFE) Tres años después del primer caso de coronavirus detectado en la Comunitat Valenciana -el 25 de febrero de 2020- y tras siete olas de una epidemia que deja 10.403 muertos y cerca de 1,6 millones de casos en esta región, se ha recuperado la “normalidad” casi en su totalidad y la población convive con un virus ya contenido gracias a medidas preventivas y la vacunación.

Expertos consultados por EFE aseguran que la pandemia ha supuesto un “antes y un después” para el sistema de Salud Pública, cuya estructura sería necesario “reforzar” ante futuras crisis sanitarias, advierten de que hay que estar “siempre vigilantes” por si llegan nuevas variantes del virus y reconocen que “algo se va avanzando” respecto a la preparación frente a potenciales nuevas crisis.

La desaparición de las mascarillas en el transporte público -aunque su uso se mantiene en centros sanitarios y sociosanitarios o farmacias- ha sido el último paso hacia el restablecimiento de esa “normalidad” que perdimos el 14 de marzo de 2020, día en que se declaró el estado de alarma y comenzó un confinamiento que duró 100 días, hasta el 21 de junio de ese mismo año.

Hemos vivido desde entonces toques de queda, cierres perimetrales, restricciones como el “pasaporte covid” para acceder a algunos locales o la suspensión de actos, competiciones, conciertos o fiestas populares como las Fallas, la Magdalena o Les Fogueres, que tres años después volverán a celebrarse sin restricciones.

PRIMER CASO Y PRIMER FALLECIDO EN LA COMUNITAT

En la Comunitat Valenciana, el primer contagio oficial se confirmó el 25 de febrero de 2020 en un joven de 32 años que, al regresar de un viaje con amigos de Milán, presentó síntomas leves y acudió a urgencias del Hospital de La Plana en Castellón, provincia donde residía.

A este caso le siguió un goteo de contagios y, aunque al principio se pudo determinar la trazabilidad de todos, en pocas semanas fue imposible hacerlo y comenzó la primera de siete olas durante las cuales han estado presentes diversas variantes del coronavirus y se han vivido brotes en colegios mayores, empresas, centros escolares, hospitales o residencias de ancianos.

Siete días después del primer caso positivo, la Comunitat confirmó el primer fallecimiento por coronavirus de España y de toda Europa. Se había producido el 13 de febrero en el hospital Arnau de Vilanova de València, en principio por una mala evolución de un problema respiratorio de un valenciano que había viajado al Nepal.

Tras ese primer deceso se han notificado cerca de 10.400 muertes en la Comunitat, muchas de ellas en residencias de ancianos y especialmente durante la tercera ola de la pandemia (enero-febrero de 2021), ya que la administración de vacunas contra la covid-19 acababa de comenzar.

VACUNACIÓN: UN ANTES Y UN DESPUÉS

La administración de vacunas contra la covid representó “un antes y un después” en la evolución de la pandemia y el pinchazo que el 27 de diciembre de 2020 recibió Batiste, de 81 años, fue el arranque de una vacunación masiva en la Comunitat Valenciana, tanto en adultos como en menores.

En la actualidad ya han sido administradas 11.271.000 dosis y hay casi 4,4 millones de personas con la pauta completa y en algo más de 3 millones se ha administrado la primera dosis de recuerdo, según los últimos datos del Ministerio de Sanidad.

La vacunación, que no estuvo exenta de polémica después de que algunos políticos recibieran su dosis a pesar de no formar parte de grupos de riesgo, significó un punto de inflexión en la pandemia, ya que su administración, junto a la infección por covid, ha permitido alcanzar altos niveles de inmunidad en la población, limitar su impacto y reducir las infecciones graves y las muertes relacionadas con el virus.

TRES AÑOS, “UN MUNDO” PARA SALUD PÚBLICA

La subdirectora de Epidemiología de la Conselleria de Sanidad, Herme Vanaclocha, advierte de que parece que “hemos llegado a una normalidad” pero hay que estar “siempre vigilantes” por si aparecieran nuevas variantes del virus y tuvieran que volver a tomarse medidas.

En menos de 24 horas “las personas dan la vuelta al mundo, pero los microorganismos también”, afirma Vanaclocha, quien en declaraciones a EFE subraya la importancia que ha tenido la vacunación en la recuperación de esta normalidad.

“Parecen tres años pero para nosotros ha sido un mundo, hay un antes y un después de la pandemia para los trabajadores sanitarios en general, pero para los de Salud Pública ha sido mucho peor”, asevera la subdirectora de Epidemiología, quien reivindica que este área “es también una parte del sistema sanitario”.

Confiesa que los profesionales de Salud Pública se sienten “decepcionados” porque se habla de crisis sanitaria centrándose en Atención Primaria y Especializada, pero “nadie piensa que también hay que reforzar la estructura de Salud Pública para que no se quede anticuada. La salud pública no se ve hasta que hay problemas, pero también existe”.

Por ello, considera necesario reforzarlo y aumentar sus capacidades ya que, advierte, los actuales profesionales se jubilarán “en poco tiempo” y no hay un recambio generacional: “Nadie quiere venir, es un trabajo nada dignificado y cobramos mucho menos que el resto de compañeros”.

MEJOR PREPARACIÓN ANTE NUEVAS CRISIS

El epidemiólogo e investigador de la Fundación de Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunidad Valenciana (Fisabio) Salvador Peiró considera que tras este trienio “algo se va avanzando” respecto a la preparación frente a potenciales nuevas crisis sanitarias y, en aspectos logísticos, hoy tenemos reservas estratégicas de mascarillas, respiradores, fármacos y vacunas.

Según afirma, aunque de forma “exasperantemente lenta”, se va renovando la configuración institucional de la salud pública española, pero está “menos o nada avanzada” la “renovación y ampliación de sus recursos humanos, que difícilmente podrán desarrollar las tareas que les impondrán los nuevos reglamentos”.

Señala que la “normalización” nos devuelve a los problemas de salud “normales” como las enfermedades crónicas no transmisibles -insuficiencia cardíaca, broncopatías, diabetes, hipertensión o cáncer- y el abordaje de determinantes de salud como tabaco, sedentarismo, alimentación o desigualdades.

Asegura que el abordaje de la cronicidad requiere un Sistema Nacional de Salud (SNS) “potente y muy bien coordinado” que, sin embargo, está “mostrando grietas” por muchos lados -atención primaria, salud mental, listas de espera, desafección profesional…-, no solo por los “recortes” durante la crisis económica o el estrés pandémico, sino por “obsolescencia del diseño institucional”.

A su juicio, la “incapacidad” para abordar la transformación organizativa del SNS (especialmente en un contexto de polarización política) supone un riesgo importante ante cualquier nueva crisis sanitaria y, aun sin crisis, para la salud de la población”.

Y afirma que es “difícil resumir” un periodo que ha removido “todas las esquinas de nuestro mundo en múltiples espacios” y “tan rápidamente cambiante”, en el que se ha pasado de un periodo prevacunación masiva y preómicron, “cuando la principal estrategia de protección de la salud era el distanciamiento social”, hasta el periodo postómicron y la “normalización progresiva de la vida social”.

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